Cómo comer?

Cuando hablamos de controlar el sobrepeso, normalmente pensamos en cambios sobre los que comemos. Pero lo cierto es que la manera como se come tiene un impacto muy importante sobre el peso.

La sensación de hambre

La nutrición y dietética convencional, nos recomienda comer cada 2 o 3 horas, sin importar la sensación de hambre. Esto está soportado en un modelo de funcionamiento del páncreas al liberar la insulina. Lo cierto es que si observamos la naturaleza, encontramos que ningún animal come de esa manera; lo normal es que la sensación de hambre es el mayor impulso para que los animales busquen alimento.

La propuesta es que estemos atentos a la sensación de hambre; una vez esta aparezca, debemos parar lo que estemos haciendo para disponernos a comer, manteniendo la atención puesta en esta sensación. Una vez esta sensación desaparezca, debemos terminar de comer.

Para sintetizar; quien decide a qué hora se come y hasta cuando se come, no debe ser el reloj sino la sensación de hambre, lo cual implica tener consciencia de cuerpo.

La Masticación

Un segundo elemento es la masticación; teniendo en cuenta que nuestro intestino absorbe solamente líquidos, que tenemos diferentes tipos de dentadura lo que nos permite desgarrar y macerar los alimentos, lo mismo que producir una gran cantidad de saliva con cada masticación,  la propuesta es que mastiquemos cada bocado hasta dejarlo líquido antes de tragarlo.

Normalmente masticamos de manera automática y en la mayoría de los casos muy rápido, la prisa de la vida cotidianos invita a comer rápido y por ende a no masticar mucho cada bocado.

Es importante que hagamos consciente esta actividad, pues es el lugar en el que comienza nuestra digestión y asimilación correcta de los nutrientes. En ningún caso debe ser una actividad mecánica, sino que debemos concentrarnos en ella para triturar al máximo el alimento. Una buena masticación es primordial, pues con ella la energía contenida en los alimentos que llegan a nuestro estómago, está mejor preparada para ser incorporada a nuestro sistema energético.

Cada vez que masticamos, segregamos una cantidad de saliva que hidrata nuestro bocado y lo impregna de unas sustancias denominadas enzimas digestivas que cumplen un papel fundamental en la descomposición de los nutrientes que vienen en  los alimentos, para convertirlos en sustancias asimilables por en intestino; evitando de esta manera las digestiones pesadas que ralentizan nuestro metabolismo y disminuyen el consumo calórico.

Recordemos que el estómago tiene una alarma de llenado que se hace consciente entre 7 y 10 minutos después de que el estómago está lleno. Si comemos rápido, sin masticar, seguramente en 10 minutos podemos repetir un plato, sin habernos dado cuenta que estamos repletos y luego sabremos que hemos comido demás.

La masticación además mejora la actividad del intestino y regula el estreñimiento, si los alimentos no se mastican hasta convertirlos en líquido desde la boca, es posible que al llegar al intestino aun no estén disueltos, no pueden ser asimilados rápidamente por las paredes del intestino y permanecerá más tiempo en contacto con las bacterias de la flora intestinal, por tanto van a alimentar a las bacterias de la flora intestinal, promoviendo su crecimiento y generando gas; esta es una de las causas de la distensión abdominal, gases y estreñimiento.

La hidratación

La hidratación es un tercer elemento que nos ayuda a perder peso; si consideramos que al momento de nacer somos un 90% agua en términos de volumen  y que en promedio a los 75 años esa proporción ha bajado a un 35 a 40 %, podríamos decir que a lo largo de la vida nos vamos deshidratando.

Vivir consume grandes cantidades de líquido, si pensamos que perdemos un litro de agua durante un día de reposo en clima frío, entre lo que se evapora por la piel y por la respiración; y que a eso le debemos sumar las pérdidas por la orina y las heces fecales, estamos hablando de una pérdida diaria de al menos 2 litros y medio de agua en promedio (unos 10 vasos de agua). Esto depende de cada situación particular y del consumo de líquidos de la persona.

Normalmente con las comidas estamos incluyendo líquidos, estos ayudan a hacer más fluido el bolo alimenticio a través del tracto digestivo; pero recordemos que en el estómago se produce un líquido denominado jugo gástrico que está compuesto por sustancias muy ácidas, tanto que las carnes son degradadas por ellas al entrar en contacto, y esa es su función. Pero si con los alimentos ingerimos grandes cantidades de líquido, estamos diluyendo este jugo gástrico y por consiguiente, disminuyendo su capacidad de digestión de los alimentos; generando un bolo alimenticio poco digerido a la hora de llegar al intestino, donde debe absorberse.

Por esta razón, no es conveniente consumir grandes cantidades de líquido con las comidas, pero lo cierto es que necesitamos suficiente líquido para mantener una buena digestión (la medicina china nos dice que el intestino se mueve con agua) y mantener el color de la orina del mismo color del agua.

Si pensamos que la orina es un filtrado de la sangre, podemos concluir que entre mayor sea el olor y la intensidad del color de la orina, mayor será la cantidad de sustancias de desecho que tiene nuestra sangre.

Por tanto, mantener el color de la orina del mismo color del agua es un aspecto importante en el drenaje de sustancias fuera de nuestro cuerpo, en el mantenimiento del metabolismo del hígado, de los riñones y del colon.

Para resumir, podríamos dejar 4 recomendaciones relacionadas con el cómo comer, que pueden ayudar en nuestro propósito de disminuir el peso:

  • comer cuando se tenga hambre
  • comer hasta ya no tener hambre
  • Masticar cada bocado hasta dejarlo líquido antes de tragarlo
  • Tomar tanta agua como sea necesaria para mantener el color de la orina del mismo color del agua 

 

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